Todo nos sería muchísimo más fácil si hubiéramos aprendido -desde muy pequeños- que nada es para siempre, que todo cambia permanentemente, que la vida es perecedera, y de ésta misma manera todo cambia instante a instante.
“El que no sabe que no sabe, es un necio;
apártate de él.
El que sabe que no sabe, es sencillo;
instrúyelo.
El no sabe que sabe está dormido;
despiértalo.
El que sabe que sabe, es sabio;
síguelo”
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